Dr. Luis Ángel Ruiz Sánchez
Introducción
La visión artificial ha dejado de ser una promesa puramente futurista para convertirse en un campo real de investigación clínica, ingeniería biomédica y rehabilitación visual. Sin embargo, su estado actual exige una lectura equilibrada: las prótesis visuales no devuelven la visión normal, no sustituyen la complejidad de la retina humana y no representan, por ahora, una solución universal para la ceguera. Su objetivo es más específico y, al mismo tiempo, profundamente relevante: generar una percepción visual artificial útil en pacientes con pérdida visual irreversible, mediante la estimulación de estructuras todavía viables de la vía visual.
Una prótesis visual puede definirse como un sistema biomédico diseñado para transformar información del entorno en señales eléctricas, ópticas o fotovoltaicas capaces de activar neuronas visuales residuales. En términos prácticos, el paciente no recupera una imagen fisiológica, sino una experiencia visual aprendida, generalmente compuesta por fosfenos, contrastes, bordes, puntos luminosos, patrones espaciales, letras de alto contraste o elementos simplificados que pueden mejorar tareas concretas como orientación, localización de objetos, movilidad o lectura limitada. La utilidad final depende menos de la sola tecnología y más de la interacción entre dispositivo, anatomía residual, neuroplasticidad, entrenamiento y expectativas realistas [1,2].
La mayoría de los sistemas comparten tres componentes: un sensor o cámara que capta la información del entorno; un procesador que simplifica la imagen y la convierte en patrones de estimulación; y un implante biocompatible que transmite esos patrones a retina, nervio óptico o corteza visual [3,4].
El interés de la oftalmología por estos dispositivos se relaciona con un problema clínico todavía no resuelto: aunque las terapias intravítreas, la cirugía vitreorretiniana, la terapia génica y la rehabilitación visual han transformado el manejo de muchas enfermedades, aún existen pacientes con degeneraciones retinianas avanzadas, atrofia macular severa, daño traumático o pérdida irreversible de fotorreceptores en quienes la medicina actual no puede reconstruir la visión. En ese escenario, las prótesis visuales representan una alternativa de sustitución funcional, no una terapia regenerativa.
Objetivos
Presentar el estado actual de las prótesis visuales y de la visión artificial para integrar un artículo de divulgación que describa las principales plataformas desarrolladas, sus fundamentos anatómicos y tecnológicos, sus resultados clínicos más relevantes y sus limitaciones actuales.
De manera específica, el artículo pretende: explicar cómo se clasifican las prótesis visuales según el sitio de estimulación; resumir la evolución histórica del campo; identificar los sistemas retinianos, del nervio óptico y corticales más importantes; actualizar el estatus de dispositivos relevantes como Argus II, Alpha IMS/AMS, BVT, PRIMA, Orion, Cortivis e ICVP; y ofrecer una perspectiva clínica sobre los retos que deberán resolverse para que estas tecnologías alcancen mayor seguridad, accesibilidad y utilidad funcional.
Metodología
Se realizó una revisión narrativa de literatura biomédica, reportes clínicos, revisiones científicas, registros regulatorios y fuentes institucionales reconocidas. La información fue sintetizada con enfoque de divulgación científica para un lector oftalmológico, privilegiando la claridad conceptual, la relevancia clínica y la distinción entre resultados demostrados, investigación en curso y expectativas aún no confirmadas.
Resultados
La vía visual ofrece distintos niveles anatómicos para la estimulación artificial. Las prótesis retinianas intentan aprovechar neuronas de retina interna que sobreviven después de la pérdida de fotorreceptores, como ocurre en muchas formas avanzadas de retinosis pigmentaria o en ciertas enfermedades maculares. Las prótesis del nervio óptico buscan estimular directamente los axones de células ganglionares, aprovechando la concentración de fibras visuales en una estructura relativamente pequeña. Las prótesis corticales, por su parte, estimulan la corteza visual primaria y pueden ser útiles teóricamente incluso cuando el ojo, la retina o el nervio óptico ya no son funcionales [1,2].
Esta clasificación anatómica es esencial porque determina las indicaciones potenciales y las limitaciones de cada sistema. Un implante retiniano requiere que exista una retina interna funcional y una vía visual posterior capaz de transmitir la señal. Una prótesis del nervio óptico requiere que la estructura conserve suficientes fibras excitables. Una prótesis cortical requiere integridad parcial de la corteza visual y tolerancia a una cirugía neuroquirúrgica compleja. En consecuencia, no todos los pacientes con ceguera son candidatos a visión artificial. La selección depende de la enfermedad causal, duración de la ceguera, anatomía residual, edad, estado neurológico, capacidad cognitiva, motivación y disponibilidad para rehabilitación prolongada.
Las prótesis retinianas han sido el grupo con mayor desarrollo clínico. Las epirretinianas se colocan sobre la superficie interna de la retina, cerca de la capa de células ganglionares. Su lógica consiste en estimular eléctricamente la retina interna a través de un arreglo de electrodos. Entre sus ventajas se encuentran la accesibilidad quirúrgica relativa desde cavidad vítrea y la posibilidad de retirar o revisar algunos componentes. Sus desventajas incluyen la necesidad de fijación estable, riesgo de fibrosis o desplazamiento, consumo energético y resolución limitada por la distancia entre electrodos y neuronas blanco.
El ejemplo más conocido es Argus II, desarrollado por Second Sight. Este sistema utilizaba una cámara externa, una unidad de procesamiento y una matriz epirretiniana de 60 electrodos. Fue autorizado en Europa en 2011 y recibió autorización humanitaria de la FDA en 2013 para pacientes con retinosis pigmentaria severa a profunda [5]. Argus II demostró que un sistema comercial podía implantarse en humanos y generar beneficios funcionales en tareas de orientación, detección de movimiento y localización de objetos en algunos pacientes. Aun así, sus resultados también revelaron los límites del campo: la visión obtenida era de muy baja resolución, requería entrenamiento intensivo y no se acercaba a la visión fisiológica. Además, la interrupción comercial y los problemas de soporte de la plataforma mostraron que el éxito de una prótesis visual no depende solo de la ciencia, sino también de sostenibilidad industrial, seguimiento a largo plazo y soporte para pacientes.
Las prótesis subretinianas se colocan en el espacio subretiniano, entre retina neurosensorial y epitelio pigmentario de la retina, con el propósito de estimular células bipolares u otros elementos de retina interna desde una posición más cercana al sitio natural de transducción visual. Alpha IMS y Alpha AMS, desarrolladas por Retina Implant AG, fueron ejemplos destacados de esta aproximación [6]; sin embargo, la complejidad quirúrgica, los requerimientos energéticos, la variabilidad de resultados y la viabilidad comercial limitaron su continuidad.
Una de las líneas más relevantes en la actualidad es PRIMA: un implante subretiniano fotovoltaico para atrofia geográfica secundaria a degeneración macular asociada a la edad, dirigido a pacientes con pérdida central severa, pero con retina periférica relativamente conservada. La evidencia clínica reciente ha reportado recuperación funcional de visión central protésica en pacientes con atrofia geográfica, particularmente para tareas de lectura [4]. Este avance es relevante porque amplía la conversación más allá de la ceguera total por degeneración retiniana hereditaria y la acerca a un problema de alta prevalencia en retina médica: la pérdida central avanzada por DMAE.
Las prótesis visuales y la visión artificial son un tema muy amplio y relevante para la oftalmología actual, por ello, para cubrir los aspectos clave y estar actualizados, hemos dividido el presente artículo en dos entregas. Espera la segunda parte en nuestro próximo volumen 12 en el que describiremos los dispositivos supracoroideos, de nervio óptico y ahondaremos en los implantes corticales a nivel del sistema nervioso central.
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- Weiland JD, Humayun MS. Visual prosthesis. Proc IEEE. 2008;96(7):1076-1084.
- Yue L, Weiland JD, Roska B, Humayun MS. Retinal stimulation strategies to restore vision: fundamentals and systems. Prog Retin Eye Res. 2016;53:21-47.
- Stingl K, Bartz-Schmidt KU, Besch D, et al. Subretinal visual implant Alpha IMS: clinical trial interim report. Vision Res. 2015;111(Pt B):149-160.
- Palanker D, Le Mer Y, Mohand-Said S, et al. Photovoltaic restoration of central vision in atrophic age-related macular degeneration. N Engl J Med. 2025;392:XXXX-XXXX.
- US Food and Drug Administration. Argus II Retinal Prosthesis System: Humanitarian Device Exemption H110002. Silver Spring: FDA; 2013.
- Edwards TL, Cottriall CL, Xue K, et al. Assessment of the electronic retinal implant Alpha AMS in restoring vision to blind patients with end-stage retinitis pigmentosa. Ophthalmology. 2018;125(3):432-443.
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