Dra. Fabiola Barrera Pelayo
De acuerdo con el último informe de la Organización Internacional para las Migraciones [1], en 2024 se presentó una cifra récord de personas desplazadas de su lugar de origen; es decir, aproximadamente 281 millones de migrantes internacionales en todo el mundo (entre el 3 y 4 % de la población mundial). Soy una oftalmóloga mexicana que ejerce en el extranjero, soy migrante. La mayoría de las personas que migramos lo hacemos por elección, situación favorable si se compara con las personas que viven desplazamiento forzado por conflictos, violencia o condiciones económicas precarias en su país.
En mi caso, tuve una migración organizada, preparada y asimilada, ya que emigré al país de mi esposo, quien en 2010 viajó a México con la finalidad de hacer la subespecialidad en retina y vítreo, y en el 2016 regresó a su ciudad natal, Bogotá, Colombia, con esposa e hijos mexicanos. Migrar al país de un local facilita la decisión y adaptación; sin embargo, hay algunos retos que me gustaría mencionar.
Los profesionistas que ejercemos en el extranjero experimentamos una mezcla de emociones que van desde las expectativas iniciales hasta los retos y las recompensas asociadas con la adaptación a una nueva vida y entorno laboral. Migré por convicción, con la firme intención de continuar ejerciendo mi profesión, después de haber ejercido varios años oftalmología y glaucoma en México.
Uno de los retos más notorios que debemos superar para poder ejercer en el extranjero como médicos, es la convalidación de los estudios. Hay países en donde se deben hacer trámites de varios años, e incluso dónde prácticamente se debe estudiar la carrera completa.
Enfrentar el desafío de ejercer la oftalmología en un país extranjero ha sido una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida y me ha permitido crecer en todos los aspectos.
En dicha cuestión me considero muy afortunada, ya que pude adelantar los trámites antes de emigrar. Convalidé en menos de seis meses medicina y oftalmología y, un semestre después, el título de subespecialidad de glaucoma. Solo 3 meses después de haber llegado a Bogotá, estaba firmando mi contrato para trabajar en mi empresa actual.
Una vez insertos en el mercado laboral, los médicos migrantes nos enfrentamos con el desafío de la comprensión de nuevos protocolos y prácticas médicas, así como la adaptación a regulaciones, normas laborales y sistemas de salud diferentes a los que estábamos acostumbrados. Tuve que aprender a llenar múltiples formularios, usar códigos y realizar trámites nuevos. Por otro lado, algo que me costó bastante trabajo, y a lo que realmente no me he acostumbrado del todo, es a la gran cantidad de pacientes que debo atender por jornada. No estaba acostumbrada a ver entre 5 y 6 pacientes por hora, a veces incluso 8 o 10 posoperatorios.
Inicialmente, las personas que emigramos nos enfrentamos a la barrera del idioma. Es mucha mi admiración y respeto por los colegas que se van a una latitud con un idioma completamente distinto. En mi caso, tuve que “reaprender” el español, para dejar de hablar como hablamos en México.
En México tenemos una riqueza impresionante de frases y expresiones que poco se entienden fuera del país; pero, gracias a los programas mexicanos que se transmiten en televisión abierta en Colombia (sí, el Chavo del 8 es súper conocido) y al acceso cada vez mayor a otras culturas por medio de internet y redes sociales, hoy nos podemos entender.
Adaptarnos a un nuevo entorno es emocionante, pero también retador. Las diferencias culturales pueden crear situaciones desconcertantes. Esta experiencia me ha permitido desarrollar empatía y comprensión hacia las diversas realidades culturales de mis pacientes. Al fin y al cabo: “Al pueblo que fueres, haz lo que vieres”.
Otro reto para nosotros los migrantes, es la adaptación a un estilo de vida que puede llegar a ser muy diferente. Mi estilo de vida se aceleró, ya que llegué a la capital de un país. Y aunque si bien, había vivido 5 años en la Ciudad de México (dónde realicé el internado de pregrado, oftalmología y glaucoma), la verdad es que a veces añoro mi estilo de vida más provinciano, el tapatío.
El aspecto que más me ha costado sobrellevar es la separación del círculo familiar y social. Desarrollar relaciones con colegas locales y establecer conexiones en la comunidad es crucial para sentirse integrado. He aprendido la importancia de la flexibilidad y apertura a nuevas experiencias. La exposición a diversas prácticas médicas y la capacidad de adaptarse a entornos cambiantes, fortalecen las habilidades y la resiliencia.
Estoy muy orgullosa de ser mexicana, y estoy convencida que en mis años de madurez y senectud regresaré a mi amada Guadalajara; sin embargo, Colombia, y particularmente Bogotá, son mi hogar actual; me han abierto las puertas en todos los aspectos de mi vida, algo de lo que estoy inmensamente agradecida.
Por último, quiero mencionar que, aun viviendo en Colombia, he tenido la fortuna de ser parte de la asociación regional y nacional de glaucoma mexicanos (la Asociación de Glaucoma de Occidente y el Colegio Mexicano de Glaucoma). El hecho de participar en dichas asociaciones me ha permitido mantener una conexión profesional, científica, cultural y social con mi país, así como tener una constante sensación de pertenencia.
- Organización Mundial para las Migraciones [Internet]. Ginebra: OIM; 2024. [Citado 20 de enero de 2026]. Disponible en: https://www.iom.int/es/news/el-informe-sobre-las-migraciones-en-el-mundo-2024-revela-las-ultimas-tendencias-y-desafios-mundiales-del-ambito-de-la-movilidad-humana#:~:text=Con%20aproximadamente%20281



