Diversificación de modelos de negocio en la práctica oftalmológica moderna
Históricamente, el ejercicio de la oftalmología se ha estructurado alrededor de un modelo clínico–quirúrgico clásico: consulta presencial, evaluación diagnóstica, tratamiento médico y resolución quirúrgica cuando es necesario. Este esquema ha sido altamente efectivo y ha gozado de un fuerte respaldo ético y social, que posiciona al oftalmólogo como un referente de alta especialización dentro de la medicina [1]. La identidad profesional del oftalmólogo se ha construido, en gran medida, alrededor de la destreza técnica, la precisión diagnóstica y los resultados quirúrgicos; no obstante, la formación académica tradicional continúa centrada casi exclusivamente en el componente clínico, con mínima exposición a temas como gestión de consultorios, modelos de negocio, innovación o sostenibilidad financiera.
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